sábado, 18 de junio de 2016

Carta para mis libros.

Queridos amigos, las palabras me han rondado todo el día por la cabeza. Cosas que se supone que debo decirles a ustedes, quienes me han dicho tanto.

Siempre fui una espectadora silenciosa atrapada por todas las maravillas que salían de sus invisibles bocas, por todas las palabras que el viento me susurraba en su nombre, y que resonaban en mi cabeza.

Y por eso, es hora de que yo les agradezca.

No ha sido una buena época para mí, de hecho ha sido quizás la más solitaria que me ha tocado vivir en mis (ya casi) dieciocho años de vida. Ha sido tan duro y tan difícil mantenerse en pie, y con la frente en alto, buscando con la mirada el horizonte, y los tiempos mejores que nos han prometido. Yo aún los espero... ojalá no tarden demasiado.

Como sea, ustedes me han ayudado a que la vida se haga más llevadera. Las horas que paso con ustedes hacen que despertarse por la mañana tenga sentido. Los malos ratos que tengo a lo largo del día se compensan con la idea de que cada segundo que pasa, es un paso más cerca de romper la distancia que nos separa. Que en poco tiempo podré retomarlos y perderme un rato más, que mi alma saldrá de mi cuerpo directo hacia la aventura. Que pronto mi cuerpo estará aquí, pero mi mente estará lejos, muy lejos viviendo un sueño maravilloso. Gracias.

Con ustedes aprendí a amar sin la necesidad de ver a los ojos. Aprendí a enamorarme de almas hermosas y no de físicos deslumbrantes. Enamorarse de esos cuerpos hechos de palabras, y esas esencias tejidas con letras. Con ustedes he reído, llorado y hasta deseado matar a alguien (no en el sentido literal de la palabra, afortunadamente), ustedes me sacan de quicio y me reconfortan, ustedes son el cielo... y me atrevo a decir que lo más cercano al paraíso.

Los amo.

Me entienden cuando nadie más lo hace, son compañeros fieles que callan y escuchan. Son pequeños suspiros e intensas carcajadas, son la vida que puede dejarse plasmada en una hoja de papel. Ustedes son la auténtica prueba de que la vida eterna existe. Ustedes son la prueba inequívoca de que no todo lo que hace el ser humano es malo... hay un poco de magia dentro de nosotros después de todo, porque ser capaces de crear semejantes tesoros, no cualquiera.

Son una pequeña caricia, y un sutil te quiero, son esos sentimientos que nadie se atreve a decir en voz alta pero que siente con todas las fibras de su ser. Son lo más cercano al amor verdadero que conozco.

Me robaré las palabras de mi querida Hazel Grace, y les diré que ustedes no tienen ni la mínima idea de lo mucho que significa para mí, y lo agradecida que estoy por nuestro pequeño infinito.

Y entonces aparece Charlie con los brazos al aire, sintiendo el viento golpear su rostro, y el sabor de la libertad, diciendo que juraría que en ese momento somos infinitos. Y lo somos, y no hay palabras que lo expliquen.

Según Anna Frank, las personas libres no entienden lo que ustedes significan para los que vivimos encerrados, creo que ese encierro aplica para nuestros miedos y nuestras inseguridades, que no nos dejan salir al mundo y enfrentarlo, ansiosos de aventura, hambrientos, con ganas de comerse al mundo. Pero aparecen ustedes y todas las defensas se caen, me hacen ver dentro de mi alma, y reconocer el mundo. Son los mejores amigos que he tenido, los más incondicionales que han existido.

Y, aunque puedan tacharme de loca, por escribirles, no me importa. Creo que merecen esto, saber que los amo con mi alma entera, que les agradezco su existencia, y que pido larga vida para los autores... la vida tiene sentido, la vida no es tan mala como parece cuando ustedes están cerca. Y mientras ustedes existan, yo voy a ser la persona más feliz...

Los párpados ya me pesan, fue un día muy largo. Pero no podía acabarlo sin sentarme frente a la computadora y escribirles esto con todo el amor que soy capaz de expresar, que no es mucho, pero lo es todo.

Gracias, gracias, gracias. Por el amor, por las risas, por las lágrimas, por lo bueno, por lo malo, por todo.

Gracias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario