lunes, 5 de marzo de 2018

Resumen de otra semana a la que he sobrevivido...





Vengo a hacer un resumen de otra semana a la que he sobrevivido (apenas) a fin de mantenerme a flote, de no hundirme. Cada día estoy más y más desmotivada, triste. Sin sentido. Estoy varada, no sé hacia dónde ir. Pero he sobrevivido la semana dos, y aunque he llorado cada uno de los días —excepto por el jueves—, creo que voy a lograrlo. Hoy estoy más optimista, quizás porque la semana por fin acabó. O tal vez porque un mes nuevo empezó por fin. No sé. Ahora ya nunca sé nada.

Sin embargo, llevo dieciséis días sin leer un libro. Meses sin ser capaz de escribir. Semanas sin ideas. Me siento vacía, rota, deshecha. Extraño perderme entre páginas, leer historias de otros que me hacen feliz. Extraño escribir las mías, y pensar en un montón de personajes que no existen, ni existirán, pero que hacen una compañía increíble a mi alma solitaria. Extraño imaginar, soñar despierta, extraño las ideas. Extraño pensar y pensar y pensar, sin que a mi cabeza vengan recuerdos tristes, sin que empiece a llorar porque hoy fue un mal día.

Tengo ganas de que alguien me abrace con fuerza, hasta que me haga pedacitos y el viento se los lleve, lejos, muy lejos el uno del otro. Y que no se encuentren jamás porque se hacen daño. Y es irónico, porque odio el contacto físico. Tengo ganas de que alguien me haga reír hasta que me duela el estómago y se me haya olvidado hasta mi nombre, porque todos los problemas empezaron por allí. Por mi existencia. Por mi ser. Por mi no saber.

Tengo ganas de volver a empezar. Y por algún extraño motivo, esta semana ese deseo se ha incrementado. Después de la sesión de lágrimas a media noche, cada día. Pasando por las risas falsas y los: hola, estoy bien. Ya no quiero esto y quiero cambiarlo.

Encontré un vídeo de Dottie James que me llamó muchísimo la atención, y estoy planteándome seriamente seguir su ejemplo. YouTube al parecer sabe por lo que estoy pasando, porque me lo recomendó un día en el que no sabía cómo sentirme. 



Tengo unas ganas inmensas de crear, de salir de la burbuja de dolor. Ya no puedo más. Mis ojos arden, mi corazón duele. Me siento sola. Y el dolor emocional se ha vuelto físico. Duele, me muero. No quiero más.

Quiero cambiar la percepción que la gente tiene sobre mí. Esta semana descubrí que la gente cree que me siento mejor que ellos… y no es verdad. Para el caso yo soy menos, mucho menos. Soy insignificante, puedes soplarme como una mota de polvo y deshacerte de mí porque así de pequeña e irrelevante soy. Pero, no puedo socializar de forma normal. Tengo ansiedad. Y estoy triste. Perdón, pero eso hace que no pueda reír, participar de una conversación o incluso saludarte si te encuentro por un pasillo, por la calle, por el transporte, incluso en el salón. Me aterra incluso decir “presente”, ponerme de pie para ir al baño. No lo hago a propósito. No me siento mejor que nadie. Estoy asustada del mundo y no sé cómo actuar, a veces puedo disimularlo y a veces no. Y todos los días es un suplicio que las personas confundan eso con orgullo o soberbia, o que me dejen de lado. Estoy harta, no puedo más. Si logré saludarte, o seguirte una conversación casual, por favor, entiende que lo hice haciendo acopio de todas mis fuerzas y que por dentro estoy muriendo y que probablemente eso no se va a repetir. Ya no me odien, ya no me malentiendan. Me duele. Por favor ya no.

Esta ha sido la semana de extrañar. Extraño momentos, personas, acciones. Quiero volver. Quiero irme. Quiero desaparecer. Quiero que todo se acabe. Siento que nadie me quiere, siento que todo el mundo está mejor sin mí y que no le caigo bien a casi nadie. Y no los culpo, soy un desastre y tampoco me caigo bien.

Igual y no estoy tan optimista. Igual y todo era mentira, e igual y escribir esto acabó rompiéndome más el corazón.

Supongo que esta será otra entrada programada, porque tampoco voy a atreverme a publicarla.

2/16. Y el suplicio continúa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario